miércoles, 19 de agosto de 2015

Cuba-Estados Unidos: alta en el cielo

La ceremonia de izamiento de banderas, en ocasión de la reapertura de embajadas de Cuba y Estados Unidos, fue resaltada como una manifestación de conciliación internacional en línea con el pacto nuclear con Irán y hasta con el acuerdo leonino impuesto a Grecia, que habría frenado una precipitada crisis en la Unión Europea. Pocos la caracterizaron como un final-final de la guerra fría, en primer lugar porque Cuba dejó de ser una plataforma estratégica contra Estados Unidos hace ya un cuarto de siglo. En segundo lugar porque la crisis en Ucrania es cada vez más grave, esto con independencia de que Rusia no represente hoy el contenido social de la Unión Soviética.

OEA
Desde el punto de vista internacional, la reanudación de relaciones diplomáticas después de más de medio siglo, y sólo después de un cuarto de siglo de supervivencia de la Isla sin apoyos exteriores, se produce cuando América Latina atraviesa una crisis de un alcance enorme luego de la borrachera de los precios elevados de las materias primas. El terreno de ensayo de esta recomposición política ha sido,  por supuesto, la mediación de Cuba para el desarme de las Farc. Ahora puede jugar un papel en la transición que enfrenta el chavismo en Venezuela, cuya crisis es final. Dada la autoridad política que goza Cuba aún hoy, su papel podría ser relevante para asegurar el tránsito pacífico en varios otros países que han vivido la corta experiencia bolivariana. Existe una negociación a todo vapor para que Cuba se reintegre a la OEA, lo cual no sería moco de pavo a la luz de los intentos de rebajar su rol mediante la creación de infinidad de organismos exclusivamente latinoamericanos. En esto está empeñado el nuevo secretario general de la OEA, el uruguayo frenteamplista, Almagro.

El bloqueo sigue
El ondeo de las banderas de unos y otros ha dejado relegado el hecho que el bloqueo de Estados Unidos sigue en pie. El Congreso no lo ha levantado; las medidas de acercamiento diplomático se limitan a las prerrogativas ejecutivas de Obama. Es decir que las negociaciones proceden en un marco de extorsión: el levantamiento del bloqueo, que nunca sería tampoco completo, está condicionado a las concesiones que el imperialismo arranque a Cuba. Entre los ítems que se conocen de la agenda de discusión figuran reclamos de indemnizaciones por los capitales expropiados en los años ’60, por parte de la Revolución, y una apertura de Cuba al comercio y a las finanzas norteamericanas. De acuerdo a las informaciones conocidas, Obama reclama la libre instalación de bancos norteamericanos en la Isla. Cuba reclama también una indemnización, esto por los daños causados por el bloqueo, así como la devolución de la provincia de Guantánamo. Sobre este punto, es insistente la versión de que habría, al menos en una primera etapa, una soberanía compartida -una expresión intrínsecamente contradictoria.

Lucha de clases
Es claro que Cuba recurre al capital internacional como una salida al estancamiento de sus fuerzas productivas, aunque el PBI se encuentre creciendo cuando en América Latina retrocede. En Cuba, la diferenciación social que se ha desarrollado con el sistema burocrático y los diversos privilegios que fueron acrecentando esa diferenciación social, son el factor histórico fundamental del convite al capital extranjero. La apertura es la salida social ascendente para esta minoría. Como estado que ha expropiado al capital, Cuba reivindica un gran sistema de salud y de educación, pero su régimen laboral se asemeja al de los sistemas de mayor explotación social en lo que tiene que ver con la falta de derechos. Esto lo percibe cualquier visitante, pero es más manifiesto en las zonas francas (Mariel) donde opera el capital brasileño afectado por la operación anti-corrupción ‘lava jato’. Se trata de un marco apetecible para el capital internacional.
El capital extranjero se convierte en una expresión abstracta en Cuba si no se hace referencia al exilio de Miami, que tiene sus propias apetencias sobre la Isla Mayor. Estados Unidos deberá hacerse cargo de una función de arbitraje sobre este sector capitalista, si pretende llevar a buen término su penetración en Cuba. No importa que los conciliadores estén prevaleciendo sobre los gusanos, lo que importa es que con su dinero exportan a la Isla una clase social entera.

Programa
Desconocemos con qué expectativa siguen los acontecimientos los trabajadores en Cuba. Sería comprensible que las ilusiones sean muchas en amplios sectores. Pensamos que se deba abordar el aspecto progresivo de ellas, lo que significa que el levantamiento del bloqueo sea incondicional, que los derechos de los trabajadores sean defendidos por sindicatos independientes libremente elegidos, que la defensa de la salud y la educación gratuitas sea garantizada por una gestión directa de los trabajadores -planteos de ese orden. La defensa, asimismo, de una economía que aún es planificada, implica el monopolio del comercio exterior y de los bancos.
Muchos en la izquierda descuidan el aspecto contradictorio del proceso en marcha, lo ven como un retroceso histórico fatal. No hay un signo igual entre el levantamiento del bloqueo y la privatización de la economía; al revés, para imponer esta privatización el imperialismo necesita usar el bloqueo como arma de presión. Una perspectiva revolucionaria haría del levantamiento incondicional del bloqueo un arma de agitación en los Estados Unidos.

Crisis mundial
Lo que distingue al periodo actual del que presidió la restauración capitalista en la ex URSS, es la crisis mundial, que esa restauración ha potenciado. Cuba ya no se puede mirar en una China con fisonomía de tigre, porque en este momento las contradicciones en China se están desarrollando hacia un climax. A Cuba le pasaría lo mismo mucho antes de que vea los beneficios momentáneos de una afluencia de capitales, que tampoco se ve que quieren arriesgar en Cuba, en el marco internacional de fuga de esos capitales hacia sus refugios y cuevas.
Cuando la lucha de clases vuelve a arreciar en Estados Unidos y despliega sus variadísimas manifestaciones, es necesario intervenir en estos acontecimientos con un programa revolucionario ajustado a una buena caracterización.

Jorge Altamira

miércoles, 3 de junio de 2015

Aceiteros quiebra tope salarial de Kiciloff

Los aceiteros han puesto en la agenda nacional del movimiento obrero y del país la cuestión de un salario mínimo equivalente a la canasta familiar, algo que se alcanza aproximadamente con los 13420 iniciales del acuerdo y los 880 pesos de premio al presentismo que planteará una lucha futura para incorporara al básico, pero que ha servido para quebrar el tope oficial del 27%. Por ello el acuerdo sirve de antecedente al conjunto del movimiento obrero que reclama aumentos muy superiores a los que pretende imponer el gobierno, por debajo de la inflación pasada y futura. En segundo lugar, los aceiteros lograron este convenio con el método de la huelga general, el verdadero método de lucha de la clase obrera de todos los tiempos, contra el invento de la burocracia sindical del parito aislado que es práctica de las cinco centrales actuales. Sus piquetes finales en el cordón industrial de San Lorenzo inclinaron la balanza y habían obligado a la CGT del lugar a decretar para el lunes la huelga general puesto que la reivindicación de los aceiteros es la reivindicación de todo el cordón, de sus puertos y el conjunto de los trabajadores que participan del convenio COPA. Por último hay que destacar que los aceiteros han puesto en la agenda del paro nacional un programa y un método y al mismo tiempo lo han puesto en la agenda política cuando se discute el rumbo futuro del país y quién pagará el ajuste. El gran mensaje de esta huelga aceitera, es que el ajuste lo paguen los capitalistas, los exportadores, los banqueros y los capitalistas y no los trabajadores. El Partido Obrero celebra por todo esto con los trabajadores el resultado de esta gran huelga e incorpora sus enseñanzas y mensajes integralmente a la lucha política planteada y a la campaña política y electoral del Frente de Izquierda. 
 
Néstor Pitrola

Mad Max Fury Road: Charlize Theron responde a los machistas que critican la cinta

En una entrevista para The Guardian, Theron ha hablado de su personaje que, en la resurrección de la popular saga de George Miller, tiene más peso que el de Max Rockatansky (Tom Hardy) y se erige como verdadero motor de la trama.
"George Miller solo ha mostrado la verdad de quién somos como mujeres, y esto es cada vez más poderosas. Las mujeres están creciendo en muchas aéreas.", ha resaltado la actriz que da vida a la Emperatriz Furiosa.
"Podemos ser tan oscuras y tan brillantes como los hombres. Somos más que personas de apoyo, más que procreadoras, somos igual de conflictivas", ha afirmado la actriz antes de señalar que fue la primera sorprendida por el peso que tenía Furiosa en la película.
"Leyendo el guión una parte de mí quedó impactada por todo lo que le habían dado y cómo Furiosa lleva la historia emocionalmente", ha explicado.
La mujer en el cine
Y es que en la cinta, ambientada en un futuro postapocalíptico, su mutilado personaje urde un plan para escapar de las garras de Immortan Joe, un tirano que esclaviza a la masa racionando su agua, comercia con leche materna y que es un Dios para sus fieles soldados, a los que somete desde pequeños.
En este plan se ve envuelto Max Rockatansky (Tom Hardy), el hombre que da nombre a la cinta y a la saga. El peso de Furiosa en la trama fue el que indignó a sectores machistas de Estados Unidos que, sin haber visto más que el tráiler, no dudaron en pedir su boicot y calificarla de "pieza de propaganda feminista que se hace pasar por una película para chicos".
Esta reacción, más propia de siglos pasados, para Theron tiene el origen en cómo se muestra a la mujer en el cine.
"Tú eres realmente una buena madre o eres una puta realmente buena, cualquiera de las dos. El problema de cómo las películas representan a la mujer nos lleva de nuevo al complejo de Madonna/puta. Tú no puedes ser una madre-puta realmente buena. Es imposible", ha resaltado la actriz.

lunes, 25 de mayo de 2015

El "señor Altamira" responde a un deslenguado sin rumbo


Nuestra afirmación, en el discurso de cierre del acto del 20 de mayo pasado, de que el Partido Obrero era el único que salía al politizar y a partidizar la conmemoración del Bicentenario puso de la nuca a algunas de las infinitas corrientes morenistas. Un ignoto redactor del Nuevo MAS (una rúbrica partidaria que es, en sí misma, un contrasentido) alega que sólo nuestra ampliamente conocida tendencia a la pedantería podía desconocer los numerosos debates académicos que tuvieron lugar en las semanas previas al 25 de mayo. ¿Este neo-masista se hace o es? Poner el trasero en el asiento de una facultad para discutir las características de los acontecimientos que ocurrieron hace doscientos años no puede ser confundido con la pelea política contra la burguesía nacional por el carácter político de la conmemoración en el presente. En este sentido, la única organización que disputó el discurso oficial y cuestionó la unión nacional que se forjó en esos días, en los pronunciamientos y en los hechos, fue nuestro partido. El oficialismo y sus alcahuetes en la CTA habían organizado el mismo día una jornada indigenista, para mayor humillación de los campesinos que son expulsados diariamente por la ‘patria sojera’ de sus tierras. El oficialismo nacional y popular y la oposición destituyente pusieron su mejor empeño en destacar el comportamiento cívico del pueblo en toda la semana de Mayo, ofreciéndolo como ejemplo en oposición a la lucha faccional que libran todos los días. Los colegas del PTS de este neo-masista descubrieron, luego de los acontecimientos, que la celebración había sido multitudinaria y, mejor aún, acompañada por manifestaciones artísticas de vanguardia y progresistas. Ya tuvimos que caracterizar, en un editorial de Prensa Obrera, el tratamiento pacifista que esas manifestaciones dieron a la guerra de Malvinas –o sea, que ignoraron el carácter imperialista de la acción británica. En los paneles que se exhibieron en el Cabildo, se presentó un video con la versión oficial (es decir, falsificada y mutilada) de una parte de la historia nacional. La unión nacional se filtró por todos los poros –incluso por los del neo-masista, que por eso descalifica el discurso de quien llama “señor Altamira” por haber comenzado su intervención de 26 minutos haciendo esta denuncia. El ignoto adversario del “señor Altamira” pone de manifiesto con su exabrupto sobre la “pedantería” la conciencia que tiene de su complicidad con esta fanfarria de la unión nacional. Este procedimiento no es extraño en la corriente morenista, que en diferentes oportunidades se sumó a bloques de unidad nacional (1974 y 1975), saludó la presencia de la mujer de Videla en el Mundial del ’78 como expresión de feminismo, propuso una auto-amnistía en el ’81-82, o publicó una solicitada denunciando la ocupación de La Tablada el mismo día en que militares y carapintadas la reprimían a sangre y fuego. Bajo la descalificación de los “dislates del señor Altamira” y de la conocida “altanería” de éste, el re-nacido morenista hace público su repudio al único acto de oposición a la unión nacional en oportunidad de las jornadas del Bicentenario.
Comparaciones peligrosas
El otro asunto que saca de quicio al novedoso contrincante del “señor Altamira” (alguna vez le escuché decir a una activista de Foetra que “el Señor está en el cielo y aquí abajo somos todos compañeros”) es el ángulo del discurso de cierre: vincular, por un lado, la crisis de la Unión Europea con la del sistema instaurado por Napoleón para poner al sector continental europeo bajo la hegemonía de Francia y, por otro lado, las revoluciones que engendró esa crisis con las que deberá engendrar la crisis actual. El crítico ignoto se indigna: la comparación es absurda, sin reparar siquiera que, incluso en ese caso, la conclusión que busca sacar el “señor Altamira” es revolucionaria, no contrarrevolucionaria (después de todo, es mejor un analfabeto revolucionario que un sabio contrarrevolucionario). Pero al neo-masista no le interesan las conclusiones políticas, sino la oportunidad que cree advertir para armar una descalificación personal. En resumen, estamos ante un indignadísimo opositor a las acciones políticas contra la unión nacional en el marco del Bicentenario, y a un adversario igualmente indignado por el desarrollo de los aspectos revolucionarios de los eventos de hace doscientos años como un arma de lucha, en las fiestas, contra la reconstrucción artificial de la unión nacional. En esta nada recomendable tarea, sin embargo, la Presidenta le había ganado de mano unos días antes, cuando denunció a quienes denunciaban a su gobierno como capitalista y pretendían hacer una revolución. Ella tampoco quiere abordar la crisis de hace doscientos años y su desenlace revolucionario. Comprende mejor que nuestro crítico que no hay que relacionar las etapas históricas si no se quiere impedir que los explotados de la actualidad saquen las conclusiones que los privados de algunos, muchos o todos sus derechos, sacaron en su momento.
¿Cuál es la falla fundamental de la analogía que procura establecer el “señor Altamira”? Que, dice el neo-masista, aquella época era de ascenso del capitalismo y la actual es de descomposición (congratulaciones por usar esta categoría tan cara al PO y al trotskismo). Pero toda época de ascenso es una época de descomposición: entonces estaba en descomposición el orden feudal o las transiciones entre el feudalismo y el capitalismo; ahora, la descomposición del capitalismo tiene como contrapartida el ascenso histórico de la clase obrera (incluso luego de la restauración capitalista en China y la ex URSS). Establecida la distinción, la analogía está permitida. La descomposición del viejo orden llevó a la Revolución Francesa, pero unos quince años más tarde el intento de Napoleón de sujetar a los Estados de Europa en un “sistema continental” para bloquear a Inglaterra provocó una serie de revoluciones y guerras nacionales – desde España a Rusia. Es la crisis del “sistema continental” lo que precipita las revoluciones en América del Sur. Nuestro mensaje a la audiencia en el acto del 20 de mayo fue explicar que lo mismo ocurrirá con la bancarrota capitalista mundial, para lo cual tomamos como ejemplo el desarrollo que tiene en estos momentos en Europa. La analogía no es solamente válida: es una tendencia en desarrollo que se ha manifestado desde antes de 2000 en América Latina en forma de rebeliones populares e insurrecciones, y lo mismo empieza a ocurrir ahora en Europa. Ocurre que lo que caracteriza a las múltiples variantes que vienen del morenismo es que han negado, primero, la bancarrota capitalista todo el tiempo que les fue posible (con el argumento de que el capitalismo se reconstruye en forma espontánea si no existe, antes, una fuerza preparada para abatirlo) y, segundo, transformaron el reconocimiento de esta bancarrota en un concepto vacío de contenido, en un eufemismo, con la afirmación de que esta bancarrota no desarrolla tendencias de alcance político ni tampoco revolucionario.
Para estos grupos, la bancarrota mundial no tiende a la creación de situaciones revolucionarias y, aún más, a modificar, bajo la presión de la bancarrota, la apreciación subjetiva de las distintas clases sociales frente al capitalismo como sistema social. Es, sin embargo, este desarrollo el que lleva a la revolución (ningún partido puede impulsar una revolución si el desarrollo social y político no ha creado una clase obrera revolucionaria). No se trata de que nuestra analogía entre períodos históricos sea impermisible; también lo es, para el autor de la “crítica”, la conexión (compleja) que establecemos entre la descomposición y bancarrota del capital, por un lado, y las situaciones revolucionarias y revoluciones, por el otro. Para el neo-masista, el mundo es una suma de compartimientos estancados.
El impugnador del “señor Altamira” no se ahorra ningún argumento a su alcance: salvo en Haití, dice, en el resto de América española no hubo movilizaciones generalizadas en la época de la independencia, simplemente se cambió de sujeción –de España a Inglaterra. Nada por aquí, nada por allá; nada en Europa, nada en América colonial. Y de la nada no sale nada –por eso la independencia es una fábula. El neo-masista, como se puede ver, hace su propia analogía, que es completamente negativa por partida doble. Pero está equivocado: la emancipación de la monarquía de la España absolutista atrasada fue históricamente progresiva, porque importó una apertura relativamente integral al mercado mundial y el establecimiento de una primera forma (oligárquica) de gobierno propio. El carácter del movimiento revolucionario varió de un lugar a otro: en algunos casos dominado por los comerciantes porteños, en otros por jacobinos criollos, guerrillas en el Altiplano, movimiento agrario artiguista, la rebelión de Nueva Granada. Las características del 25 de Mayo, además, son determinadas en parte por la movilización popular contra las invasiones inglesas. El primer gobierno despacha expediciones militares contra el bastión de España y de la explotación indígena –el Alto Perú. El desarrollo de América Latina se realiza a pasos forzados por la enorme presión del mercado mundial. Los elementos internos de una revolución burguesa no habían alcanzado los estadíos del desarrollo europeo, mientras que la explotación social alcanzaba, por el contrario, niveles aun más agudos que aquellos debido a la dominación del gran capital comercial sobre una fuerza de trabajo esclava o servil. Las contradicciones de clase eran aun mayores; la burguesía formó su propio gobierno también para no verse sujeta a restricciones contra sus propios explotados. Las características de la sociedad pre-revolucionaria no solamente condicionarán el proceso de emancipación de la metrópoli sino todo el desarrollo ulterior. Un caso fabuloso de desarrollo combinado, que habrá de marcar todo el período posterior –plagado de crisis políticas, revoluciones a medias y contrarrevoluciones enteras. Para el caso, digamos que Haití, donde triunfó la gran revolución de la masa de esclavos negros, acabó en una sociedad congelada, precisamente porque bloqueó la posibilidad de cualquier desarrollo capitalista a partir del mercado internacional. Fue la gran revolución social de la época (la única) y por eso debe ser reivindicada, aunque resultó un fracaso histórico. Aquí también hay una analogía histórica permisible, la de la intervención directa de las masas en su liberación. El problema de nuestro neo-masista es que ahora niega el carácter históricamente progresivo de la independencia de la metrópoli, desde una corriente que ha aburrido a todo el mundo con la reivindicación de “una segunda independencia”, en cuyo nombre ha apoyado a cuanto gobierno democratizante haya fingido alguna diferencia con el FMI.
¿El proletariado es apátrida?
Como bien explicaron otros marxistas, “el gen” revolucionario de la clase obrera moderna no se desprende, en forma simplificada, del lugar que ocupa en la sociedad capitalista. Ese “gen” es antropológico: está presente en todas las clases explotadas que hicieron su aparición a lo largo de la historia de la humanidad. Lo que cambia para el proletariado es el lugar y la función histórica de su emancipación. La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases. Lo mismo ocurre con la clase obrera de cada país. Incorpora a su tendencia de lucha las experiencias revolucionarias de las masas pre-capitalistas (artesanos, semi-proletarios) que las precedieron. Otra cosa, claro está, sucede con los programas políticos y los métodos de lucha: cada generación debe superar a la anterior. Lo concreto es esto: mientras la burguesía busca que olvidemos que Mayo es un episodio revolucionario y con alcances históricamente progresivos, la verdad histórica es que lo que hoy es Argentina es un resultado, fundamentalmente, de levantamientos, guerras nacionales y guerras civiles. En oposición a la versión oficial, oponemos el lugar jugado por las masas. Para el neo-masista, las masas intervienen en la historia nacional solamente a partir de principios del siglo veinte y no, por ejemplo, cuando se oponen a la guerra contra el Paraguay.
Para el neo-masista, atribuirle un papel a las masas en la formación nacional es patriotismo burgués, incluso si es para denunciar el rol desempeñado por la burguesía y sus propios intereses nacionales. Pues bien, dejemos Argentina: los trabajadores semi-proletarios que tomaron la Bastilla, formaron las comunas y alistaron el primer ejército basado en el reclutamiento de masas para combatir a la reacción extranjera (los negros del ejército de San Martín protagonizaron algo similar), ¿no fueron los campeones del patriotismo francés? En su momento cantaron la Marsellesa contra el viejo régimen y contra los acaparadores de mercaderías; nunca confiaron en la burguesía. Luego se levantaron contra el régimen que habían ayudado a instaurar. El hilo de la historia incorpora y supera todas estas contradicciones.
El neo-masista no solamente desconoce este proceso histórico universal, sino que lleva su razonamiento hasta el absurdo. Dice que la afirmación del Manifiesto, “los obreros no tienen patria”, significa literalmente que no pertenecen a ninguna comunidad nacional; o sea, concluimos nosotros, que son apátridas. Si fuera así, no se entendería por qué el mismo Manifiesto señala que la revolución comenzará en los cuadros nacionales. Es que para que se inicie en el cuadro nacional debe haber una experiencia y una lucha política nacional. La afirmación de que “los obreros no tienen patria” significa, contra la opinión vulgar, que los obreros no tienen intereses en la estructura social de la patria, como sí los tiene la burguesía por excelencia; que, como en todos lados, no tienen otra propiedad que su fuerza de trabajo y nada que perder más que sus cadenas. Para tener una patria, deben abolir las condiciones históricas de la patria: expropiar al capital y reapropiarse, por esta vía, de la riqueza social que los obreros crean. El entendimiento de que los obreros no tienen patria significa que son apátridas, o sea que se desinteresan por sus naciones, podría ser una planteo anarquista, no marxista, del mismo modo que los anarquistas rechazan la transición hacia la abolición del Estado. La abolición de la patria significa, en primer lugar, la abolición de las condiciones sociales de la patria misma. A esto, el neo-masista lo descalifica como un invento o astucia del “señor Altamira”. La abolición de la patria debe atravesar toda la transición histórica del capitalismo al socialismo y producir una revolución cultural; en los países sometidos, los obreros sienten mayor orgullo nacional luego de la victoria de la revolución que antes –como claramente lo demostró el ejemplo de Cuba después de 1959. La creación de un modelo de república universal, bajo la forma de la unión de naciones, es la expresión de esta realidad histórica. O sea que los obreros dejarán de tener patria cuando este proceso se halle, si se puede decir así, completado, o sea como parte de una universalización histórica. En la conmemoración del Bicentenario nos hemos esforzado, en 26 minutos, en disputar la jornada en la calle y en el plano político; ligar la crisis mundial con las revoluciones políticas y sociales –ahora como hace doscientos años– y señalar a los trabajadores que en 1810 no conquistaron para ellos la tierra en la que viven sino que, para eso, deberán derrocar al capitalismo. Si el 20 de mayo pasado no llegamos a producir un modelo de propaganda revolucionaria, le pegamos en el poste. Nuestros detractores no se animaron a levantar una tribuna para transformar al pasado en presente.
Cretinismo anti-nacional
En el obsesivo afán de mostrar un hilo conductor de las mínimas manifestaciones nacionalistas de nuestro partido, el deslenguado descalificador solamente muestra su propia hilacha. Con más de mil y pico de periódicos editados, revistas y libros, encontró todo lo que quería saber en un discurso; típico de un sectario y también de un inquisidor. Es una pena que no se haya metido más a fondo con la preferencia del “señor Altamira” por el Himno Nacional en un reportaje de Página/12. Lo contrapone al “socialista” Giustiniani, cuya inclinación es por la Internacional. Llama la atención que no contrapusiera al “señor” ya repetidamente invocado con Hebe Bonafini, quien declaró su simpatía por Marx cuando Altamira lo hizo por el Che.
Conclusión: Altamira es nacionalista y foquista, mientras que los otros dos son internacionalistas y marxistas. Con un poco de prudencia, el deslenguado se hubiera evitado la ocasión de hacer el ridículo o de evitar su complicidad con dos notorios anti-internacionalistas y anti-marxistas.
Hay muchas opciones mejores que el Himno Nacional, no solamente la Internacional. Entre ellas, se encuentran el Himno de la 3ª Internacional; la Varsoviana; la marcha de los partisanos italianos, Fischi al vento; las canciones y marchas de la guerra civil española; la marcha fúnebre de la revolución de 1905 (incorporada por Shostakovih a una de sus sinfonías) e incluso “Bella Ciao”, a la que se confunde con una marcha guerrillera. Ocurre que ninguna de ellas corresponde a la historia nacional, como exigió el periodista. Si el “señor” también declara su gusto por “Pompeya no olvida”, eso no quiere decir que la considere superior a determinadas partes de La Traviata o de Aída –pero no son nacionales según lo requerido. Lo mismo vale para el Che, aunque en este caso, el “señor” en cuestión cree, ahora, que hubiera sido mejor destacar una figura obrera.
El detractor no menciona que su corriente fue una variante reaccionaria del foquismo, pues en su Congreso de 1967 llamó a sustituir la formación del partido por organizaciones armadas; los foquistas no hacían esta contraposición reaccionaria. Naturalmente, alguno hubiera elegido otra marcha nacional, y para eso está la democracia. Pero una marcha, musicalizada por un catalán con una letra que reivindica a las Provincias Unidas del Sur, no deja de expresar una tendencia avanzada. Los trabajadores recurren al Himno con cierta frecuencia en sus luchas, no solamente cuando lo promueve la burocracia sindical. Lo que nunca debería ocurrir, para un socialista, es cantar la marcha peronista durante una década entera, como hizo la corriente del deslenguado cuando hizo entrismo en el peronismo.
El punto es que el asunto Himno demuestra que estamos ante un caso de cretinismo anti-nacional, con independencia de que el detractor sea o no un cretino. El cretinismo nacional, en una lucha nacional progresiva, destaca y exagera el particularismo nacional y sus posibilidades históricas en desmedro de los antagonismos y luchas sociales dentro del campo nacional. El cretinismo anti-nacional desprecia todas las luchas nacionales, aun las progresivas, en nombre de la defensa en abstracto, o sea sin participar, de las reivindicaciones sociales.
Nunca hemos esperado que del morenismo pudiera emerger una corriente revolucionaria. Ojalá nos hubiéramos equivocado.

martes, 14 de abril de 2015

Estatización ferroviaria: la misma milonga que con YPF

De Walter Moretti:
No todo lo que brilla es oro
En apariencia Cristina Kirchner anunció la reestatización del sistema ferroviario, pero en esencia se trata de un proyecto que deja abiertas las puertas a la reprivatización. Para no dejar dudas que esa es la vía que encara el proyecto de crear los supuestos “ferrocarriles del Estado”, el articulo 2 inciso b establece desde el vamos “la participación pública y privada en la prestación y operación de los servicios ferroviarios”.
Es en este sentido que los grupos Roggio y EMEPA no solo mantienen las respectivas concesiones del FF.CC. Urquiza y del Belgrano Norte, sino que el proyecto anuncia la “renegociación” de las mismas. Igual tratamiento se establece para las concesiones privadas de los rentables ramales de cargas en manos de Aceitera General Deheza –en el caso del Central Argentino–, de Techint, que viene operando el Ferroexpreso Pampeano, y de la cementera brasilera Camargo Correa, que administra el Ferrosur Roca. Pasadas varias décadas desde la privatización de los servicios públicos, todo el mundo sabe que “renegociación” significa mayor ajuste y entrega en beneficio de las empresas y nunca mayor control u otros condicionamientos significativos sobre éstas.
El proyecto pasa totalmente por alto cualquier disposición sobre la “reestatización” de estos importantes ramales para la economía nacional y solo se limita a establecer un tímido control sobre los actuales concesionarios para que estos acepten nuevas pautas en el manejo de estos ramales, incluyendo una mayor disponibilidad de los mismos. Desde el oficialismo se vocifera que esta medida beneficia al transporte de la producción de las economías regionales pero en verdad solo se beneficiaran nuevos grupos económicos.
El proyecto de “reestatización ferroviaria” sigue la senda de la reestatización de YPF: muchos fuegos de artificio que esconden nuevos negocios para los privados, tal como ocurrió en la petrolera con los acuerdos con Chevron.
“Pagadios” para los concesionarios
El proyecto de CFK y Randazzo no solo deja la puerta abierta a nuevos negocios privados sino que también hace un “borrón y cuenta nueva” con los $ 100 mil millones que los grupos que venían concesionando las distintas líneas ferroviarias embolsaron sin invertir un peso. Se deja impune uno de los mayores fraudes cometidos en esta “década ganada”. Negocio redondo para estos vaciadores y para los que vienen. El proyecto alternativo presentado por los diputados del Frente de Izquierda y de los Trabajadores exige que los concesionarios reintegren al valor actual todo lo que les fuera entregado en el momento de hacerse cargo de las concesiones, incluyendo todo el material ferroviario que se arruinó por dejarse librado al desgaste y la falta de mantenimiento.
El Belgrano Cargas: ¿la Vaca Muerta ferroviaria?
El artículo 6º del proyecto oficial se encarga de mantener la figura de la Sociedad Belgrano Cargas y Logística S.A. Esto no es casual.
El Belgrano Cargas no solo es el nudo estratégico del sistema ferroviario sino que también encierra el negocio más jugoso; por eso el Banco Mundial viene exigiendo la modernización de este ramal que cruza 13 provincias, casi el 70 % del territorio nacional, a través del corredor de la soja y minero.
El actual convenio con China por U$S 2.500 millones para la renovación de 1.500 km de vías como parte de dicha modernización da vía libre para que intereses de ese país se apoderen de su futura administración y de esta forma garantizarse el abaratamiento de los costos del transporte de la soja y los minerales que importa desde nuestro país.
Mantener la figura legal de la Sociedad Belgrano Cargas y Logística S.A. es el trampolín para que este ramal estratégico se convierta en la nueva Vaca Muerta ferroviaria.
Reestatización o dependencia (de China)
El gran negocio en ciernes con el Belgrano Cargas es parte de la mayor dependencia de China tanto de la economía argentina en general como del sistema ferroviario en particular. No solo la compra de vagones y locomotoras por más de U$S 1.200 millones sin ningún tipo de licitación marca esta nueva dependencia.
Además, el Acuerdo Macro con la potencia oriental le garantiza a China la adjudicación de las obras que tengan su financiamiento sin límites de monto y en condiciones ventajosas de precios y calidad (artículo 5º del Acuerdo Macro). Pero el cipayismo del gobierno nacional y popular no termina ahí; también se le permite traer a sus propios técnicos, profesionales y hasta de sus obreros para aprovecharlos como mano de obra barata dada sus condiciones de superexplotación. En este sentido tampoco es casual que el proyecto oficial contemple en su artículo 15 la posibilidad de que “la gestión de los sistemas de control de circulación de trenes y el mantenimiento de la infraestructura ferroviaria (por) terceros o asociada a terceros”. Es decir que el proyecto da rienda suelta a la tercerización, donde además de las empresas chinas también puedan beneficiarse otros buitres nacionales y la propia burocracia sindical que, como la Unión Ferroviaria, son verdaderos expertos en el tema y los responsables de haber asesinado a Mariano Ferreyra para mantener este sucio negocio, que ahora se lo podrán garantizar desde su puesto en la conducción de los nuevos “Ferrocarriles Argentinos”.
El Proyecto de CFK y Randazzo deja a las claras que el relato sobre el modelo nacional y popular impulsor supuestamente de la industria y la generación de empleo como base de un crecimiento con inclusión social, es puro verso. El hecho de que el kirchnerismo fuera el encargado de darle el golpe de gracia a la existencia de EMFER y TATSA casi en el mismo momento de profundizar la dependencia con China, es decir cerrar dos plantas que podrían producir vagones y material ferroviario con mano de obra nacional para privilegiar el negocio con China, es la más clara demostración de esta mayor dependencia.
Frente al proyecto oficial, los diputados del FIT presentaron uno alternativo como dictamen de minoría, que empieza planteando que toda legítima reestatización solo puede ser bajo el control de los trabajadores ferroviarios y los usuarios, los únicos interesados en sacar de las ruinas al sistema ferroviario.

Izquierda Diario responde a sus lectores sobre la Ley Randazzo

Martin nos escribió diciendo que “es una lástima que la izquierda se siga quedando a un costado de la historia porque en los papeles la izquierda votó en contra de la estatización de los trenes”.
La realidad es que, en los papeles y en los hechos, la nueva normativa no garantiza la estatización del sistema ferroviario. El art.2, que establece los "principios" de la política ferroviaria, consagra en el inciso a) la “administración de la infraestructura ferroviaria por parte del estado nacional”. Pero en el inciso b) señala como principio "la participación pública y privada en la prestación y operación de los servicios de transporte público ferroviario". El artículo menciona de manera explícita al sector privado.
A su vez, el art.15 establece “la gestión de los sistemas de control de circulación de trenes y el mantenimiento de la infraestructura ferroviaria por sí o por intermedio de los operadores ferroviarios a los que se les asigne dicha tarea”. Así se deja abierta la posibilidad de sostener la tercerización laboral, realizada por otras empresas. Dicha tercerización se realiza, comúnmente, bajo peores condiciones de trabajo.
Precisamente en la lucha contra la tercerización laboral fue asesinado Mariano Ferreyra por la patota de la Unión Ferroviaria.
Santiago nos dice: “no explican por qué es un proyecto que se queda a mitad de camino. Es cierto, el apoyo en el parlamento de la derecha da qué hablar, pero aún así, no se explican por qué este proyecto beneficiaría más al sector privado que al público”.
El FIT no planteó que el proyecto se quedara a mitad de camino, esa fue una afirmación del bloque del GEN, de Margarita Stolbizer. Pero los beneficios para el sector privado se desprenden claramente del art.4, donde se establece el sistema de Acceso abierto (Open Acces) que permite que "cualquier operador pueda transportar la carga con origen y destino en cualquier punto de la red". Este artículo es explícito en cuanto a la posibilidad de concesionar cualquier tramo del sistema ferroviario a cualquier operador. Esto permitiría, hipotéticamente, concesionar el tramo Retiro-Tigre a un operador y el tramo Constitución-La Plata a otro, por solo dar un ejemplo.
Al mismo tiempo el art.3 les garantizar a las empresas que actualmente tienen concesionado el servicio la posibilidad de continuar operando dentro del mismo. El artículo en cuestión le da potestad al Poder Ejecutivo para "reconvertir o en su caso renegociar los contratos de concesión suscriptos con Nuevo Central Argentino Sociedad Anónima, Ferroexpreso Pampeano Sociedad Anónima y Ferrosur Roca Sociedad Anónima”. Esos ramales ya están en manos de importante patronales, se trata de Aceitera General Deheza, Techint y Cementera Camargo Correa respectivamente.
Tanto Edgardo como Oscar plantean argumentos similares: como estamos en un país capitalista, proponer el control obrero y la expropiación sin indemnización de toda la infraestructura y el material rodante es imposible de realizar sin que haya resistencia de los sectores dominantes, por ejemplo a través de “declarar la inconstitucionalidad de la ley”.
En esto coincidimos. No es posible llevar adelante plenamente las medidas que proponemos sin que se dispare una resistencia de los sectores capitalistas dominantes. Pero frente a esa oposición se puede responder con la organización y movilización activa de amplios sectores de trabajadores y el pueblo pobre que vean en esta medida una verdadera solución a los problemas que implica el transporte privado.
Precisamente por ese motivo el kirchnerismo plantea una medida que es aceptable (y conveniente) para los empresarios y sus representantes políticos más fervientes como el macrismo. De allí que el diputado Sturzenegger (PRO) pudo escribir hace unos días en el diario El Cronista que “el gobierno llama al proyecto ‘de Creación de Ferrocarriles del Estado’, pero bien podría llamarse ‘para Incrementar la Participación Privada en el Transporte Ferroviario‘ o ‘para Incrementar la Competencia en el Transporte Ferroviario Argentino’. No importa el título, lo relevante es el contenido”.
Esperamos haber podido responder a las dudas planteadas por nuestros lectores. Invitamos a los mismos a seguir incentivando el debate sobre éste y otros temas.

Sólo el Frente de Izquierda se opone al tren de Randazzo

Rafael Santos

Aunque lo presentan como una reestatización, el proyecto de ley ferroviaria del gobierno sólo plantea una renegociación de contratos con las principales concesionarias de cargas y algunos ramales de pasajeros. Toda la oposición burguesa ha salido a apoyar la ley, más allá de una u otra crítica cosmética.

 
El PRO lo hace enfáticamente. Un comunicado firmado por el diputado Sturzenegger y el secretario de Transporte de Macri, Dietrich, plantea: "El gobierno llama al proyecto ‘de Creación de Ferrocarriles del Estado’, pero bien podría llamarse ‘para Incrementar la Participación Privada en el Transporte Ferroviario’..." (Clarín, 27/3). También lo apoya la UCR. "La oposición manifestó su apoyo a los ejes centrales del proyecto presidencial, a excepción de la izquierda", dicen diversos medios de comunicación. La única voz que se opuso de plano al proyecto K, fue la de Néstor Pitrola en nombre del PO-Frente de Izquierda, quien presentó un contraproyecto de "Nacionalización Integral de los Ferrocarriles". No sólo denunciamos la reprivatización, sino que el proyecto oficial se presenta luego de la compra de casi 1.500 vagones y locomotoras a monopolios chinos. El futuro significa desindustrialización por importación de metalurgia pesada. Y también tarifazos postelectorales para que el pueblo pague los intereses de este nuevo endeudamiento externo.
 
El proyecto presentado por Pitrola fue elaborado junto a los trabajadores ferroviarios de la seccional Haedo del Ferrocarril Sarmiento y de Causa Ferroviaria-PO. El secretario general de dicha seccional, Rubén "Pollo" Sobrero, y el dirigente del Cuerpo de Delegados de la línea, Edgardo Reynoso, fueron invitados por el Frente de Izquierda para volcar sus opiniones sobre el proyecto Randazzo, en una sesión especial de consulta del Plenario de Comisiones de Diputados.
 
Ellos denunciaron la ley reprivatizadora de Randazzo y apoyaron el proyecto presentado.
 
En las antípodas, el dirigente burocrático de los maquinistas de La Fraternidad manifestó su "apoyo crítico" al proyecto oficial, diferenciándose de la "IV Internacional". Mientras tanto, Sergio Sassía, el reemplazante de Pedraza al frente de la Unión Ferroviaria, manifestó su apoyo incondicional a la reprivatización oficial.