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lunes, 17 de noviembre de 2014

O frente único o faccionalismo

Una de las principales resoluciones del Congreso del movimiento obrero y la izquierda fue el pronunciamiento categórico en defensa del Frente de Izquierda, como frente único de los partidos que lo integran y del movimiento obrero combativo contra los partidos y bloques políticos que responden a la clase capitalista. La ovación con que la multitud reunida en el Luna Park aprobó esta caracterización de fondo sólo se repitió cuando la misma resolución rechazó el faccionalismo al interior del Frente de Izquierda.
 
Oportunamente destacamos que el éxito del Frente de Izquierda residía en que había recuperado la política socialista en el terreno electoral. Al presentar una lista unificada de la izquierda, al menos de aquella que se reclama socialista, permitió enfatizar en la campaña electoral la oposición de clase contra las otras listas. Una expresión de ello era que los medios de comunicación ya no convocaban a la izquierda para que discuta entre sí, un ejercicio a todas luces desmoralizante para los luchadores, sino para confrontar con los candidatos de las fuerzas patronales. En el llamado “progresismo”, las campañas electorales eran pases de factura entre sus referentes.
 
 
Disparan contra el Frente
 
Sin embargo, desde el interior del Frente de Izquierda se torpedea el frente único, ahora desde lo ‘teórico’. Esta actividad faccional tiene su usina en la "Izquierda Diario", al que el PTS ha transformado en un ‘diario’ contra la izquierda. Ahí se rechaza el "frente único" aplicado al Frente de Izquierda, pero a la vez postula la necesidad de un "partido común" de las fuerzas que no tienen condiciones para un frente común. ¿A quién se le puede pasar por la cabeza formar un partido con alguien que ni siquiera acepta un frente único? Aunque tiene a mano todos los planteos que se remontan al Manifiesto Comunista para postular una correcta política de "frente único", el PTS abreva en el tercer período stalinista, que postulaba el "frente único por la base" para atacar a los partidos socialdemócratas, a los que calificaba de “socialfascistas”. Trotsky mostró el absurdo de pretender un "frente único" con los socialdemócratas... contra los socialdemócratas. El ‘diario' sostiene también que el frente único se aplica solamente entre partidos grandes, reservando para los partidos "pequeños"  un faccionalismo de secta.
 
El ‘tercer período’ ultraizquierdistas del stalinismo condujo a la derrota de la clase obrera alemana ante los nazis. Es pertinente para el caso, porque la negación del frente único implica la negación de la lucha contra un enemigo común y, lógicamente, postula que el enemigo se encuentra en nuestras propias filas. El rechazo del frente único, para lo que sea, es la reivindicación del faccionalismo, es decir de la escisión sin principios. El faccionalismo aplicado a las Paso significa reemplazar la denuncia de las candidaturas de los partidos patronales y sus programas por los enfrentamientos en la izquierda. Las Paso no son otra cosa que una versión más pérfida de la ley de lemas, que fue diseñada para meter en un mismo vagón a partidos afectados por una desintegración insuperable. Por eso la reclaman también los izquierdistas que fracasaron en su trayectoria por el centroizquierdismo, y no podrían superar el piso. Mientras los partidos capitalistas van a las Paso para amucharse, los faccionalistas las quieren para que nos disgreguemos. Con un agravante: el año pasado recularon del reclamo de las internas cuando les advertimos que a los resultados se les aplicaría la representación proporcional, que los podía dejar afuera por completo en numerosos distritos.
 
 
No somos Macri,  Scioli ni Carrió 
 
Si lo hacen Macri, Scioli y Carrió, se interroga el ‘diario' ¿por qué no la izquierda? Porque, precisamente, no somos ni Macri, ni Scioli ni Carrió. Tenemos que aprovechar el faccionalismo que hace estragos en los partidos tradicionales, no para copiarlo sino para destruirlos ante el electorado trabajador. ¡El ‘diario’ nos propone un frente espejo al de los Mauricios, Danieles, Sergios y Lilitas!
 
Ir por separado a las Paso impide que las listas que surjan de las internas ofrezcan a todos los partidos una posibilidad de representación. En este punto, es claro que hemos protegido los intereses de los partidos menores al nuestro. No somos una secta, nos subordinamos a un objetivo estratégico. ¿El ‘diario' quiere una representación proporcional que podría dejarlo afuera? No. En 2013 propuso unas internas sin representación proporcional, como se encuentra documentado en un intercambio de cartas públicas en esa ocasión.
 
Fue por esta concepción de los intereses reales de la clase que el Congreso del Luna Park saludó la propuesta de los compañeros de Izquierda Socialista, de acelerar el lanzamiento de la campaña electoral con un acto público y proclamar la candidatura presidencial de Jorge Altamira. Nosotros nos habíamos abstenido de hacer esto, precisamente para acordarlo en frente único, como ocurrió en el pasado y como ocurrió al designar al orador final de nuestros actos públicos.
 
De más está decir que el encolumnamiento del kirchnerismo detrás de Scioli y el loteo de Unen entre Macri y Massa crean las premisas para un nuevo salto del Frente de Izquierda. La condición para ello es que el propio Frente de Izquierda se lance por entero a ese desafío.

Por Gabriel Solano

domingo, 2 de noviembre de 2014

Gobiernan para Telefónica y Telecom



El anuncio de que se enviará al Congreso una nueva ley de telecomunicaciones que permite este beneficio para las empresas telefónicas no debería sorprender a nadie. Forma parte de la hoja de ruta original trazada por el kirchnerismo. Cuando Cristina Kirchner declaró que "no se podía tapar el sol con las manos" había dejado en claro que seguía firme su objetivo de permitirle a las empresas telefónicas participar del  negocio audiovisual. Aclaraba, para quien quisiera oirla, que la exclusión de esa posibilidad en la redacción de la ley de medios era sólo temporal, una concesión transitoria a sus aliados de centroizquierda que necesitaban ser engañados. 
 
A sabiendas de esto, los propios funcionarios que debieron aplicar la ley de medios en estos años evitaron hacer cumplir los artículos que ordenaban la desinversión de las telefónicas en las empresas de medios de comunicación. El ´democratizador´ Sabbatella, por ejemplo, se hizo olímpicamente el otario para permitrle a Telefónica seguir manejando Telefé. Estaban esperando el momento para reformar la ley y habilitarle el privilegio a estos monopolios socios del gobierno.
 
El anuncio de la nueva ley, sin embargo, se produce en otras condiciones políticas, y para congraciar a nuevos aliados. Resulta evidente que detrás de la negociación del gobierno con Repsol y del respaldo de España para negociar el default con el Club de París estaba sobre la mesa la reforma de ley de telecomunicaciones para que Telefónica, no sólo mantenga Telefé, sino que pueda avanzar aún más en el negocio audivisual. Otro tanto vale para Telecom, cuyo capital accionario minoritario acaba de ser adquirido por uno de los principales apoyos del gobierno, el fondo buitre Fintech del mexicano David Martínez. Con esta ley, a Telecom se le abren nuevas perspectivas comerciales. No es casualidad, por lo tanto, que luego del anuncio las acciones de ambas companías subieran en la Bolsa.
 
El proyecto de ley de telecomunicaciones no sólo modifica parcialmente la ley de medios en lo que refiere a la participación de las telefónicas. Además, teniendo en cuenta que éstas son controladas por el capital internacional, abre las puertas para que el negocio audiovisual sea manejado por empresas extranjeras. Viniendo de un gobierno que se autodenomina como "nacional y popular" no es poca cosa. 
 
El gobierno justifica esta concesión a los monopolios telefónicos con el argumento que "favorece la competencia". Se trata, claro, de un cambio de discurso ya que hasta ahora el gobierno insistía que el mercado no era quien debía regular la distribución del negocio audivisual, y que las empresas más grandes imponían sus condiciones. Este argumento, válido para Clarín, lo es aún más para las empresas telefónicas, que tienen una facturación diez veces superior a la del grupo de Magnetto.
 
Los defensores de la nueva ley se escudan diciendo que no hay que confundir la distribución de contenidos con su elaboración. Pero se trata de una trivialidad. La disputa sobre la conformación de la grilla, que ha llegado a la Justicia, es la prueba palmaria que esa división entre distribución y elaboración no supera la prueba de la realidad. A través del uso de sus propias redes, las empresas benefician a ciertos canales sobre otros. En el caso de Telefónica esto se verá agravado porque ella misma tiene varios canales de TV.
 
Para compensar el peso enorme de la concesión a las telefónicas, el kirchnerismo argumenta que la nueva ley le reserva al Estado la atribución de fijar tarifas y habilita el uso universal de las redes instaladas. Sin embargo, en el futuro la cláusula sobre las tarifas podrá ser anulada, del mismo modo que ahora se anula la prohibición que regía para la participación de las telefónicas en el mercado audivisual.  Mientras tanto, el tarifazo estará a cargo del gobierno, como ya ocurre con las naftas, el gas y la electricidad. Por otra parte el uso universal de las redes no asegura igualdad de competencia. El poder financiero de las telefónicas pondrá las cosas en su lugar.
 
La nueva ley enviada por el gobierno confirma hasta el detalle nuestra caracterización de que la ley de medios apuntaba a un nuevo reparto capitalista de los medios de comunicación, vinculado al negocio audivisual y comunicacional. 
 
El rechazo a este proyecto de ley cobra un carácter político. Se trata de desarrollar una oposición a un gobierno que quiere atravesar sus últimos meses respaldado por Chevrón, Soros, Telefónica y los fondos buitres ´buenos´, como Fintech de David Martínez.

Gabriel Solano

martes, 21 de octubre de 2014

“Parar a los trotskos”


La revelación de que en las vísperas del 17 de octubre la burocracia sindical de la CGT-Balcarce se haya reunido con Macri no debe sorprender. Después de todo, se sabe que la “lealtad” de los Caló-Gerardo Martínez y cia. es con ellos mismos. Lo que sí merece destacarse es el contenido de la conversación. Según el diario Clarín, Macri les dijo “los voy a ayudar a frenar a los trotskos que les están complicando la vida en los sindicatos”, lo que produjo “sonrisas de sus interlocutores”.
La reunión entre Macri y los burócratas que por el momento ofician de oficialistas fue precedida por otras, en las que participaron los Moyano, Venegas y otros opositores. En todos los casos el objetivo fue el mismo: tender un puente para que la burocracia sindical respalde la candidatura presidencial del Jefe de Gobierno. Aunque es prematuro que esto ocurra en lo inmediato, es evidente que para Macri el objetivo está cumplido. El candidato del PRO sabe que la burocracia sindical es piantavotos, pero necesita mostrarle  a la clase capitalista que puede lidiar con la burocracia sindical, y pactar con ella una persecución a la izquierda y al movimiento obrero combativo que crece en los lugares de trabajo y en los sindicatos. 
El tenor de las conversaciones de los burócratas con Macri le da un sentido preciso a las movidas para lograr la unidad de la CGT que impulsan distintos sectores de la burocracia sindical. Moyano fue clarísimo cuando dijo que “el próximo gobierno deberá tener un fuerte apoyo político porque deberá llevar adelante un fuerte ajuste”. La unidad de la CGT tendría la función de viabilizar el golpe que planean los capitalistas contra los trabajadores, lo cual requiere preventivamente “frenar a los trotskos que les están complicando la vida en los sindicatos”. 
Es de esperar que Cristina Kirchner guarde un prudente silencio ante la revelación de esta reunión. Los motivos son entendibles. Si usase uno de sus discursos para denunciar la `deslealtad` de los burócratas sindicales dejaría expuesta una debilidad enorme, que comprometería su propia capacidad de gobierno. Pero este es sólo un motivo. El otro es que la propia presidenta también es partidaria de “ayudar a frenar a los trotskos”, como lo prueba la acción represiva de Berni desplegada en la Panamericana, contra los obreros que siguen con el “sueño de tomar el Palacio de Invierno”. La fuente de inspiración del PRO está en la propia Casa Rosada.
El acuerdo de fondo que existe en los partidos del régimen para perseguir al movimiento obrero combativo prueba que existe una clara conciencia en la clase capitalista de que marchamos a un ajuste general, con devaluaciones monetarias, mayores despidos y suspensiones. Como toda bancarrota de fondo se planteará qué clase social soportará la carga de pagar la factura de la crisis.
La identificación de los obreros que pelean con “los trotskos” se explica por el hecho de que el Partido Obrero y el Frente de Izquierda son el único bloque político consistente que enfrenta a los partidos capitalistas. Este enfrentamiento estratégico es el punto de partida para un desarrollo político de una alternativa de la izquierda y los trabajadores.